Estrés laboral y salud mental
Dentro de las efemérides a las que se asigna importancia durante el mes de mayo se encuentra el “Día del Trabajo”, cuyo origen se sitúa en la lucha del movimiento obrero a finales del siglo XIX al demandar mejores condiciones de vida y de trabajo, en particular respecto de las jornadas laborales. Desde entonces, la relación entre calidad de vida y trabajo ha sido indisociable, haciéndonos cada vez más conscientes de la interdependencia que les vincula y relevando las consecuencias que un contexto laboral de riesgo produce en la salud, en general; y en la salud mental, en particular.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) los factores de riesgo psicosocial se vinculan con más de 840 000 muertes al año como consecuencia de enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales relacionados. Dentro de ellos, uno de los que predomina se relaciona con la cantidad de horas trabajadas, ya que este aspecto aumenta la probabilidad de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Para el caso de México, el INEGI establece que el promedio semanal del tiempo total de trabajo de la población de 12 años y más fue de 59.6 horas en 2024, mostrando al mismo tiempo una brecha de género, donde las mujeres trabajan en promedio 3.1 horas más a la semana que los hombres. Esta cifra coloca a México por encima del promedio entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que es entre 40 y 48 horas por semana.
Ahora bien, la relación entre factores de riesgo psicosocial y manifestaciones en la salud se encuentra mediada por aspectos psicológicos que se presentan como síntomas de una sociedad donde la productividad mal entendida predomina no sólo como demanda económica sino también de estatus social; la percepción resulta de creer que quien trabaja más tiene mayor valor social; incluso en algún momento, desde la opinión pública, se catalogaba con una connotación despectiva a quienes no estudiaban ni trabajaban a partir de la denominación “Ninis”.
Más allá de lo que cada persona hace con su tiempo, la realidad es que las condiciones psicosociales vinculadas con el trabajo, específicamente en cuanto al tiempo de las jornadas laborales, están siendo causa de lo que en psicología se denomina “Síndrome de Burnout” o estrés laboral. El Burnout, de acuerdo con Maslach y Jackson, es un “síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal que puede ocurrir entre individuos cuyo objeto de trabajo son otras personas”, teniendo como características principales: 1) Predominan síntomas disfóricos, en particular el cansancio emocional; 2) El acento se manifiesta en síntomas mentales y conductuales, por lo que es predominantemente psíquico; 3) La causa directa es el trabajo; 4) Los síntomas se observan en individuos que no presentan patologías previas, es decir, es propiamente una alteración psicosocial, no necesariamente una enfermedad; y, 5) Disminuye la efectividad y el desempeño laboral debido a un estado negativo, que incluye actitudes y valoración sobre el sentido del propio hacer.
Pero ¿por qué se produce estrés laboral? Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) el trabajo que suele producir mayor estrés es aquel donde las exigencias y presiones son mayores a los conocimientos y capacidades de las personas; por otra parte, la poca oportunidad para tomar decisiones o ejercer control de las situaciones y el déficit de apoyo que se recibe de los demás, son también condiciones para la presencia de Burnout.
En ese sentido es importante tomar en cuenta que los malestares psicológicos no sólo son resultado de aspectos individuales intrapsíquicos, sino que se vinculan estrechamente con las condiciones psicosociales en las cuales se desarrolla una persona. Esto permite descentrar la lógica de la intervención en salud mental únicamente hacia los individuos, como si cada uno, de forma aislada, fuese responsable de lo que está padeciendo, y no el resultado de múltiples sistemas de relaciones que se influyen entre sí.
En el caso del Burnout, existen aspectos claves para prevenir y revertir los riesgos psicosociales, no desde lo individual, sino desde el entorno laboral, por ejemplo: modificando las exigencias laborales, promoviendo el desarrollo de capacidades de los trabajadores, de acuerdo con sus funciones, el aumento en la capacidad de agencia sobre la forma en que la persona realiza su trabajo; y el aumento de la cantidad de apoyo que recibe el trabajador.
Finalmente, diríamos que hay una dimensión política en la psicología, toda vez que presupone una lógica básica del bienestar del ser humano, el cual no se comprende sin la reflexión sobre las relaciones sociales y su implicación en la salud mental en distintos ámbitos, donde uno de los más relevantes es el trabajo.
Erik Rubén Torres Saldaña.
Miembro del Colegio de Mexicano de Profesionistas de la Psicología, capítulo Durango.
Bibliografía
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (29 de agosto de 2025). Resultados de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. https://www.snieg.mx/2025/08/29/resultados-de-la-encuesta-nacional-sobre-uso-del-tiempo-2024/
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Organización Internacional del Trabajo. (28 de abril de 2026). El entorno psicosocial en el trabajo: avances mundiales y vías de acción: Resumen ejecutivo. https://www.ilo.org/es/publications/el-entorno-psicosocial-en-el-trabajo-avances-mundiales-y-vias-de-accion