Hablar de lo que no se habla: Sexualidad y Psicooncología
En los últimos años, se han producido grandes avances en el manejo del cáncer, lo que ha aumentado la tasa de supervivencia y ha convertido la enfermedad en crónica. Como resultado, la atención a la salud sexual ha surgido como un aspecto importante del bienestar y la calidad de vida de los supervivientes de cáncer y sus parejas (1). Para la Psicooncología, la sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales. No se limita únicamente a la actividad sexual, sino que incluye la identidad de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad, lo vincular y la reproducción.
Sin embargo, la sexualidad rara vez se aborda en la práctica clínica oncológica, particularmente en el momento del diagnóstico y en las fases iniciales del tratamiento. La prioridad inmediata suele ser la supervivencia, el control tumoral y la adherencia a los protocolos médicos (1)(3).
En este marco, el discurso clínico desplaza la sexualidad a un segundo plano, bajo el supuesto de que “habrá tiempo después” o de que “otro especialista lo abordará”, y la mayoría de los pacientes se queda en espera y desea comunicación abierta sobre intimidad y sexualidad, independientemente del tipo de cáncer. No obstante, la experiencia clínica y la investigación muestran lo contrario: la sexualidad constituye una necesidad humana fundamental y su afectación impacta de forma directa en la calidad de vida, la adherencia terapéutica, la morbilidad y la reconstrucción del proyecto vital tras el cáncer (1)(2)(3).
Lo que se habla.
Cuando la sexualidad se aborda en consulta, suele hacerse de manera parcial, técnica o limitada. Algunos ejemplos (1):
- El oncólogo puede advertir sobre efectos secundarios de ciertos tratamientos (p. ej., menopausia precoz, disfunción eréctil, pérdida de lubricación), pero sin profundizar en lo que estos cambios significan para la identidad sexual, la autoestima o la relación de pareja.
- A veces se mencionan restricciones médicas puntuales (“no relaciones sexuales durante neutropenia” o “espere después de la cirugía”), pero sin acompañar la conversación de alternativas para mantener la intimidad.
- En casos más abiertos, se ofrece información sobre tratamientos médicos paliativos (lubricantes, fármacos, terapia hormonal), pero rara vez se explora el impacto emocional y relacional.
Este abordaje biomédico parcial reduce la sexualidad a un problema funcional y deja fuera la dimensión psicológica, simbólica, íntima, placentera y relacional que los pacientes consideran esencial (1).
Lo que no se habla (y por qué).
El silencio abarca aspectos centrales para el bienestar del paciente (1):
- La redefinición de la identidad sexual tras una mastectomía, una colostomía o la pérdida de fertilidad.
- El duelo por los cambios en el cuerpo, en la autoimagen y en la forma de relacionarse con el propio deseo.
- La intimidad no coital (abrazos, caricias, contacto físico) como formas de sostener la vida erótica cuando el coito es difícil o doloroso.
- La vivencia de la pareja, que muchas veces carga con la incertidumbre y la culpa, pero queda invisibilizada en la consulta médica.
A nivel internacional, revisiones integrativas recientes siguen hallando una brecha teoría-práctica: los profesionales reconocen la importancia del tema, pero lo abordan poco por falta de formación específica en sexología, miedo a “incomodar” al paciente, percepción de falta de tiempo, generación de angustia en el profesional, ausencia de rutas de derivación, o la idea de que el tema es “secundario” frente al cáncer, observándolo con una visión reduccionista donde la función sexual es un “extra” y no parte de la salud integral. Por parte de los pacientes, también pueden experimentarse: vergüenza, tabúes culturales, temor a ser juzgados o a parecer “malagradecidos” si se quejan de su vida sexual en medio de un proceso de supervivencia. Muchas mujeres, por ejemplo, reportan sentir que “no tienen derecho” a expresar su deseo sexual después de una mastectomía, como si el cuerpo hubiera perdido legitimidad erótica (1)(2)(4).
En América Latina se suman determinantes socioculturales (normas de género, estigma, religiosidad) y menor acceso a servicios especializados, lo que exige intervenciones culturalmente sensibles. También es necesario visibilizar a minorías y poblaciones tradicionalmente marginadas (p. ej., personas LGBTQ+), para quienes los proveedores de salud reportan necesidad de mayor capacitación y sistemas de registro que incluyan orientación sexual e identidad de género de forma segura (5).
El costo del silencio
La consecuencia de este silencio es profunda. No hablar de sexualidad:
- Incrementa la ansiedad y la depresión en pacientes que ya lidian con la amenaza de muerte.
- Debilita la relación de pareja, generando distancia, rupturas o culpas no expresadas.
- Aumenta la sensación de pérdida de control, ya que el paciente percibe que no solo la salud física, sino también su intimidad, le ha sido arrebatada.
- Refuerza mitos y temores (como creer que el sexo puede reactivar el cáncer o dañar el cuerpo en recuperación) que la evidencia científica ha desmentido, pero que siguen limitando la vida sexual de los sobrevivientes (1)(3)(4).
La pregunta no es si hablar de sexualidad en oncología es importante, sino por qué seguimos permitiendo que sea la gran ausente en la comunicación clínica. El hecho de que los pacientes esperen y deseen una conversación abierta, y que los profesionales reconozcan en privado su importancia pero no lo traduzcan en práctica, revela una brecha ética y asistencial.
La sexualidad, lejos de ser un lujo o un tema “secundario”, forma parte de la dignidad humana y del derecho a la salud integral. Tal como señalan Reisman y Gianotten, no hablar de sexualidad es una forma de abandono silencioso que profundiza el sufrimiento evitable y perpetúa la idea de que “el cáncer mata no solo el cuerpo, sino también la intimidad” (1).
ADRIÁN ALEJANDRO RESÉNDIZ VILLEGAS.
Lic. en Psicología: 7322812
Maestro en Psicología Clínica: 11766823
Especialidad en Terapia de Pareja: 13120506
Datos de contacto:
Instagram: @psicoalex
Facebook: Psicólogo Alejandro Reséndiz Villegas.
REFERENCIAS
- Reisman Y, Gianotten WL. Cancer, Intimacy and Sexuality: A Practical Approach. Springer; 2017.
- Bingham SL, Cassells CV, Semple CJ. Factors influencing the provision of healthcare professional-led sexual support to patients with cancer and their partners: An integrative review of studies from 2017 to 2022. Sex Res Social Policy [Internet]. 2024; Disponible en: http://dx.doi.org/10.1007/s13178-024-00974-9
- Rossi A, Leone AG, Lambertini M, Sperti E, Cassani C, Vetromile A, et al. Sexual health in cancer care: a narrative review and position statement from the Italian Association of Medical Oncology (AIOM). ESMO Open [Internet]. 2025;10(6):105311. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.esmoop.2025.105311
- Camejo N, Montenegro C, Amarillo D, Castillo C, Krygier G. Addressing sexual health in oncology: perspectives and challenges for better care at a national level. Ecancermedicalscience [Internet]. 2024;18:1765. Disponible en: http://dx.doi.org/10.3332/ecancer.2024.1765
- Tamargo CL, Mitchell EP, Wagner L, Simon MA, Carlos RC, Giantonio BJ, et al. “I need more knowledge”: Qualitative analysis of oncology providers’ experiences with sexual and gender minority patients. Front Psychol [Internet]. 2022;13:763348. Disponible en: http://dx.doi.org/10.3389/fpsyg.2022.763348