La autoestima como base del bienestar emocional

La autoestima como base del bienestar emocional

La autoestima constituye uno de los pilares fundamentales del bienestar psicológico y de la calidad de las relaciones humanas. Desde la psicología contemporánea, se reconoce que la forma en que una persona se valora, se trata y se percibe a sí misma influye directamente en su manera de vincularse con los demás. Walter Riso (1990) plantea que el amor propio no es un acto de egoísmo, sino una condición necesaria para el desarrollo emocional saludable y para la construcción de relaciones afectivas equilibradas.

En este sentido, la autoestima no solo impacta en la vida en pareja, sino también en la soltería y en la manera en que una persona se relaciona con su familia, amistades y entorno social. Comprender su importancia permite resignificar la soledad, fortalecer los vínculos y prevenir dinámicas relacionales disfuncionales.

La soltería suele ser interpretada socialmente como una etapa de carencia o de sentirse incompleto desde la necesidad de buscar “nuestra media naranja” planteado desde Aristóteles; sin embargo, desde una perspectiva psicológica, puede convertirse en un espacio privilegiado para el autoconocimiento y el fortalecimiento del amor propio. Riso (1990) afirma que el amor empieza por casa. Tu primer amor es el que se dirige a ti mismo, y en ese primer encuentro aprenderás a amar la existencia o a odiarla. Esta afirmación subraya que la relación más importante que una persona construye a lo largo de su vida es la que establece consigo misma.

Cuando la autoestima es sólida, la soltería deja de vivirse como abandono o fracaso y se transforma en una oportunidad para el crecimiento personal. Por el contrario, cuando el amor propio es frágil o inestable, la ausencia de pareja puede vivirse con ansiedad, vacío emocional y una búsqueda constante de validación externa. En estos casos, la necesidad de estar con alguien no responde al deseo genuino de compartir, sino al temor de enfrentarse a uno mismo.

En el ámbito de la relación de pareja, la autoestima cumple un papel decisivo en la calidad del vínculo. Riso (1990) señala que, si el amor que sientes por ti depende demasiado de tus hazañas y grandes logros, quizá no te quieras tanto. Esta idea pone en evidencia cómo una autoestima condicionada al desempeño, al reconocimiento o a la aprobación externa puede generar relaciones marcadas por la inseguridad, la dependencia emocional y el miedo al abandono.

Las personas con una autoestima fortalecida tienden a establecer relaciones más equilibradas, en las que el amor no se confunde con sacrificio excesivo, control o fusión emocional. En cambio, cuando la autoestima es débil, la pareja puede convertirse en la principal fuente de validación personal, lo que favorece dinámicas de celos, dependencia, sumisión o conflicto constante. En este sentido, amar al otro desde un lugar sano implica no utilizar la relación como un sustituto del amor propio.

La relación entre autoestima y salud mental es ampliamente reconocida. Riso (1990) advierte que, si la autoestima no posee suficiente fuerza, viviremos mal, seremos infelices y ansiosos. Una baja valoración personal suele estar asociada a altos niveles de ansiedad, tristeza, inseguridad y dificultades en la regulación emocional, lo cual impacta de manera directa en los vínculos afectivos.

Por el contrario, una autoestima saludable permite establecer límites claros, expresar necesidades de forma asertiva y tolerar las diferencias sin vivenciarlas como amenazas personales. Desde esta perspectiva, la autoestima actúa como un factor protector que favorece relaciones más respetuosas, empáticas y estables, tanto en la pareja como en otros contextos relacionales.

Finalmente, Riso (1990) sostiene que quererse a uno mismo es el primer paso hacia cualquier tipo de crecimiento psicológico y mejora personal, esta afirmación resume la importancia del amor propio como fundamento del desarrollo emocional. La autoestima no implica perfección ni ausencia de errores, sino la capacidad de aceptarse con virtudes y limitaciones, reconociendo el propio valor independientemente de las circunstancias externas.

Cuando una persona se quiere a sí misma, se relaciona desde la elección y no desde la necesidad; desde la autonomía y no desde la carencia. Esto no solo mejora la relación de pareja, sino también la manera de vincularse con familiares, amistades y personas significativas, promoviendo relaciones más auténticas, compasivas y recíprocas.

Conclusión

La autoestima constituye la base sobre la cual se construyen las relaciones humanas, tanto en la soltería como en la vida en pareja, el amor propio permite vivir los vínculos desde la libertad emocional, el respeto y la responsabilidad afectiva. Como plantea Walter Riso (1990), amarse a uno mismo no es un lujo ni una etapa opcional, sino una condición indispensable para amar de forma sana y para relacionarse con los demás sin perder la propia identidad.


Carlos Francisco Frias Ortiz
Licenciado en psicología.
Maestrante en psicoterapia sistémica.
Miembro del Colegio Mexicano de Profesionistas de Psicología, capítulo Durango.

Contacto: 6184424487


Referencia

Riso, W. (1990). Enamórate de ti: El valor imprescindible de la autoestima. Editorial Norma.