Por Iván Delhumeau
El manejo de la vacuna contra la COVID-19 no sólo ha sido altamente politizada por el gobierno federal, sino que también han sido confusas las decisiones que se han tomado acerca de su aplicación. Todavía no se termina de vacunar a todo el personal médico de las distintas instituciones de salud que hay en México, ni mucho menos abarcarlo a lo largo y ancho del territorio nacional, cuando ya se ha anunciado la vacunación para las personas de la tercera edad, esto último habilitando una plataforma web para registrarlas, misma que por obvias razones colapsó en las primeras horas.
En un tema tan sensible, el gobierno federal no ha demostrado tener la más mínima claridad de ideas, pues desde el momento en que involucra a una secretaría ajena (Bienestar) da muestras de que su tema es político-electoral y no de salud. Las irregularidades en los estados de la república respecto a la aplicación de la vacuna a personal de salud han sido varias, y podrían llegar a ser de consecuencias catastróficas. Se enviaron a las diferentes entidades cantidades de vacunas al parecer de manera aleatoria, sin conocer realmente el padrón real de personal médico al que se iban a aplicar. Resulta que se les aplicó una primera dosis, pero a varios empleados del sector ya les debieron haber aplicado la segunda, y no se ha hecho porque no ha llegado, por la sencilla razón de que el gobierno federal no la ha adquirido. Las consecuencias catastróficas serían que llegara a caducar el efecto de la primera dosis, antes de que el cuerpo humano reciba la segunda, y por lo tanto quedar sin efecto la inmunización contra la COVID-19.
Por otro lado llama poderosamente la atención de que en Fast Track la COFEPRIS (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios) haya aprobado la aplicación en nuestro país de la vacuna rusa Sputnik V para uso de emergencia contra el coronavirus. Aseguran que tiene una efectividad de 91.6%, contra el 95% que tienen la de Pfizer Biotech y Moderna. El problema no es tanto la aprobación de la vacuna rusa por el gobierno de México, sino que apenas en agosto del año pasado, Hugo López-Gatell declaró que no era confiable. Sabemos que en seis meses la ciencia avanza muy rápido, pero la falta de congruencia del Subsecretario de Salud es ya un tema recurrente. Sin duda el presidente López Obrador ordenó a la COFEPRIS su aprobación, viendo el desorden que traen con su estrategia de vacunación.
Pero si siguen con esa nefasta logística de aplicación, van a perder el control, y de las tres vacunas autorizadas en el país (Pfizer Biotech, Astrazeneca y Sputnik V) ya no van a saber a quién le aplicaron cual. Falta todavía que entre en acción la iniciativa privada, y si no se coordina debidamente con el polisecretariado de la 4T, podría ser lamentable para la salud de la población.
Las ideas y opiniones en este artículo son responsabilidad de su autor.